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lunes, 16 de noviembre de 2015

UN REPORTAJE DE FERMÍN PÉREZ-NIEVAS SOBRE LAS MATANZAS DE TUDELA DE NOVIEMBRE DE 1936




El periodista tudelano Fermín Pérez-Nievas ha publicado este fin de semana en Diario de Noticias de Navarra el siguiente reportaje sobre las matanzas de noviembre de 1936 en Tudela bajo el título "Tres días de sangre":

"Aquellas tres noches de noviembre de 1936 quedaron en las fosas de Balsaforada y Fontellas, 40 cuerpos, 40 vidas truncadas en una amarga orgía de sangre y sin razón. Dos padres con sus hijos, cuatro mujeres, siete concejales, veterinarios, jornaleros, comerciantes, abogados o amas de casa; el odio político no hizo distinciones. Hoy, 69 años después, siguen sin abrirse estas fosas y sin recuperar sus restos.

Pasados los primeros meses tras el golpe de Estado y el inicio de la Guerra Civil el 18 de julio, y establecidos los frentes de batalla, Tudela se convirtió durante tres días de noviembre en centro de una oleada de asesinatos quizá como represalia por la muerte en el frente del joven Victoriano Bordonaba Gil, un voluntario requeté de 16 años que murió el 8 de noviembre de un tiro en la garganta en el frente de Sigüenza. Tras los funerales celebrados el 10 de noviembre en Tudela con toda la pompa y boato de un héroe, 29 personas fueron asesinadas el 12 de noviembre, seis el 13 de noviembre y cinco más el 14 de noviembre.

En esta masacre fueron pasados por las armas 30 tudelanos y 10 vecinos de Cadreita, algunos con un tiro en la nuca, las manos atadas y cubiertos de cal, en dos lugares distintos pero separados solo por una decena de kilómetros: Balsaforada en Bardenas y Los Llanos, en Fontellas. De nada sirvió el falso llamamiento realizado el 1 de noviembre en Diario de Navarra por el gobernador militar, Carmelo García Conde pidiendo “ni venganzas ni atropellos”. Los asesinatos, las purgas y los ajusticiamientos por motivos políticos estaban auspiciados por la junta de guerra y por las milicias locales, con el consentimiento, cuando no participación, de las autoridades civiles y militares regionales. García Conde indicaba el 1 de noviembre que “ha llegado a mi conocimiento que en algunas localidades de esta provincia se cometen atropellos en las personas y en los bienes por algunos individuos que se dicen pertenecientes a Milicias autorizadas, (…) se recuerda a todas las Autoridades y a todas los ciudadanos que, en virtud de lo dispuesto, sólo la Autoridad competente es la facultada para imponer esta clase de sanciones y que serán sometidos a juicio sumarísimo los causantes de los delitos cometidos contra las personas y la propiedad por móviles políticos y sociales y estando dispuesto a castigar severamente a los contraventores, se ordena a las autoridades locales, Guardia Civil, Junta de Requetés y Falange que pongan en mi conocimiento los hechos de esa naturaleza que se cometan y a mi disposición a las personas causantes de los mismos”. La impunidad aquellos días fue total y nadie fue juzgado nunca por los asesinatos.

TUDELA 1936 Desde el frente, El Ribereño Navarro publicaba cartas de tudelanos en el ejército de Franco que pedían a sus vecinos, como deseo, que a su vuelta a Tudela “no veamos ciertas caras si es que Dios nos tiene destinado que volvamos” o solicitaban que las “chicas tudelanas” se erigieran en “madrinas” de los voluntarios y les enviaran cartas, eso si, apuntaban que “no se admiten feas y de ninguna manera socialistas”. Periódicos como El Requeté reproducían un verso de Ciro Royo que, conocido lo que pasó, resulta escalofriante, “una España va a nacer, y otra va a morir, después de este amanecer adiós a la España de ayer, viva la que va a venir”. En el nuevo Ayuntamiento, que había sido destituido el 19 de julio y buena parte de sus integrantes detenidos, el concejal Victoriano Gil Bea, con Rufino Añón como alcalde, pidió a la corporación que a los ediles republicanos “se les desposea de sus tierras en Montes de Cierzo”, petición que tiene más calado cuando se conoce que buena parte habían sido fusilados, otros detenidos y algunos habían huido para salvar la vida, como Epifanio Cruchaga, a cuyo hijo José María fusilaron al no encontrar a su padre.

En ese ambiente, 65 presos políticos marchaban cada día a los Montes de Cierzo para realizar trabajos forzados y eran vigilados por 25 voluntarios falangistas y requetés de Tudela que se turnaban en las guardias. Las calles eran tomadas cada día con grandes funerales y honores pero permanecían en silencio para los que eran ejecutados a escasos kilómetros de Tudela.

La crónica del funeral del joven Victoriano Bordonaba celebrado el 10 de noviembre en la iglesia de San Jorge describía toda una procesión que acompañó al cadáver, envuelto en coronas de flores y en la nueva bandera de España con “requetés armados, margaritas, pelayos, falangistas, banda de música, acción ciudadana, sección femenina, banda de tambores y concurrencia de todas las clases sociales”, desde la plaza Nueva.

BALSAFORADA Balsaforada es un término de Bardenas separado unos 10 kilómetros de Tudela y al que se llega por un desvío en la carretera de Ejea. El 12 de noviembre asesinaron allí a 18 personas, 10 de ellas de Cadreita y 8 de Tudela. Al día siguiente la matanza continuó con otras cinco personas de Tudela, el mismo número que el último día, el sábado 14 de noviembre. El jueves 12, de noche, fueron sacados de la cárcel de Tudela dos mujeres, la comunista Jesusa Olloqui y Josefa Bueno Azcárate, que a sus 29 años ya era viuda del fusilado Juan Fidao y dejaba tres hijos huérfanos, fue quizás el único matrimonio fusilado en la Ribera. También acabó en la fosa el concejal socialista Joaquin Meler Mur, a cuyo hermano Julio también habían asesinado o Leoncio Castillero que antes de morir dijo “compañeros estos creen que por que nos matan a nosotros matan la idea. El hombre muere pero la idea vive, compañeros”. De Cadreita esa noche quedaron los cuerpos del ex alcalde Benito Burgaleta y del concejal Ciriaco Pegenaute León. Junto con otros ocho, en su mayoría labradores.

En la noche siguiente, el 13 de noviembre, la tragedia se repitió. El historiador Fernando Mikelarena en su libro Sin piedad realiza una descripción de la matanza, dando nombres de los implicados en algunos de los asesinatos en Balsaforada, como el edil Aquilino Ochoa o el veterinario Luis Pérez. “Los ejecutados fueron trasladados en un camión conducido por el guardia civil Eugenio Zalduendo y el falangista Joaquín Corral. Los detenidos fueron llevados en el camión hasta la corraliza de Balsaforada, donde había una fosa abierta rellenada en parte de cal”. Los testimonios que recogió señalan que “fueron atados con las manos a la espalda, se les hizo arrodillarse junto a la fosa. Eugenio Zalduendo les fue dando, al menos a la gran mayoría, un tiro en la nuca o en la sien y después de un puntapié eran arrojados a la zanja, y concluido todo, fueron someramente cubiertos de tierra”. Varios de los ejecutados como Luis Pérez (que había denunciado a Corral antes de julio del 36 por vender carne sacrificada ilegalmente) o Aquilino Ochoa, fueron sacados del fuerte de San Cristóbal y traídos a fusilar en Tudela por el falangista Joaquín Corral.

Merece la pena detenerse en la persona de Joaquín Corral, que tuvo enfrentamientos en Tudela incluso con requetés, contra quienes estuvo a punto de llegar a las armas por irrumpir con un camión en medio de un desfile. Mikelarena apunta que Corral “había participado en el asesinato de Félix Moneo en agosto y de varios tudelanos en el puente de Castejón como el impresor Mauro Castilla, el concejal Valentín Pérez y el alcalde Domingo Burgaleta el 29 de julio”.

Por último el 14 de noviembre se añadieron cinco asesinatos más, entre otros las de Juana Charela Vida (59 años), Felipa Ramírez Vicente (50 años) y muy probablemente de Jesusa Ruiz Melero, asesinada el 14 de noviembre aunque se desconoce el lugar. También Serafín Carrascón Aguado y su hijo Luis Carrascón Jiménez, ambos empresarios, o el concejal socialista y ferroviario Eugenio Tutor. Es de destacar que todas las mujeres que murieron fusiladas en Tudela se asesinaron aquellos días.

FONTELLAS También el término de Los Llanos en Fontellas se convirtió en fosa común en noviembre de 1936. A unos 7 kilómetros de Tudela, junto a la N-232, doce personas acabaron sus días en este lugar, la gran mayoría en la noche del 12 de noviembre, horas después del funeral de Victoriano Bordonaba. Entre ellos destacan el concejal socialista Juan Navarro, el jornalero comunista Pablo Bermejo, que había huido y decidió volver y entregarse a la Guardia Civil, o Manuel Úcar Ramírez y su hijo el concejal Francisco Úcar Liñán; ambos ayudaron a fugarse en los primeros días al ex alcalde y emblema republicano ribero Aquiles Cuadra, escondido entre la cosecha, que sería detenido en Sevilla y fusilado en 1939. El día 13 de noviembre se asesinó solo a José Huguet Imaz, secretario de las Juventudes Socialistas

Las matanzas de aquellos meses no fueron ni siquiera ocultadas, dado que era más que evidente que había personas presas que desaparecían, en ocasiones sin partes de defunción. Como ejemplo, en algunos casos como el del veterinario Luis Pérez, se apuntó en su defunción: “fue detenido el día 4 de septiembre y conducido al día siguiente al Fuerte de San Cristóbal de Pamplona, donde permaneció 3 meses. El día 12 de noviembre fue trasladado a esta cárcel de Tudela donde lo pusieron en libertad, desde cuya fecha nada se sabe de su existencia, sino que, por el contrario, desapareció en dicho día de esta ciudad, en circunstancias tales, que desgraciadamente inspiran y hacen tener el convencimiento fundado de que falleció en la citada fecha de 12 de noviembre último”. Otra de las frases habituales era “solo se sabe que a raíz de iniciarse el Glorioso Movimiento Nacional fue detenido siendo llevado a la Cárcel de esta Ciudad, ignorándose los demás extremos”.

La mitad de los tudelanos asesinados en 1936 lo fueron en esos tres días negros de noviembre entre Balsaforada y Fontellas.

12 DE NOVIEMBRE

Balsaforada. Benito Burgaleta Pérez (Cadreita), Jesús Antonio Sánchez Jiménez (Cadreita), Modesto Esparza Munárriz (Cadreita), Eusebio Jiménez Anso (Cadreita), Galo Ozcoz Aranaz (Cadreita), Ciriaco Pegenaute León (Cadreita), Tomás Pérez Ozcoz (Cadreita), Mauro Allo Les (Cadreita), Ángel Daniel Sánchez Jiménez (Cadreita), Manuel Castellano Rus (Tudela), Leoncio Resines Expósito (Tudela), Josefa Bueno Azcárate (Tudela), Joaquín Meler Mur (Tudela), Francisco Amigot Ciria (Tudela), Leoncio Castillejo (Tudela), Julián Morales Ruiz (Tudela), Jesusa Olloqui (Tudela).

Los Llanos (Fontellas). José Sesma Bueno (Tudela), Nicolás Jalle Marzal (Tudela), Francisco Úcar Liñán (Tudela), Luis Recasens López (Tudela). Rodrigo Sáinz Lasheras (Tudela), Juan Navarro Anguiano (Tudela), Francisco Jacoste Vallés (Tudela), Julio Bardavio Rada (Tudela), Francisco Añino García (Tudela), Manuel Úcar Ramírez (Tudela).

13 DE NOVIEMBRE

Balsaforada. Luis Pérez Pérez (Tudela), Manuel Espadas Moneo (Tudela), Gregorio Albero Jiménez (Tudela), Teodoro Villanueva Baigorri (Tudela), Aquilino Ochoa Pascual (Tudela).

Los Llanos (Fontellas). José Huguet Imaz (Tudela).

14 DE NOVIEMBRE

Balsaforada. Eugenio Tutor Lozano (Tudela), Felipa Ramírez Vicente (Tudela), Juana Charela Vida (Tudela), Luis Carrascón Jiménez (Tudela), Serafín Carrascón Aguado (Tudela).

Sin localizar. Jesusa Ruiz Melero fue asesinada el 14 de noviembre de 1936 y aunque se desconoce el lugar es de sospechar que podría ser en Balsaforada al coincidir en el día.

EN CORTO

Donación de Meler. La presión social era tan fuerte que el tudelano trabajador del canal de Lodosa, Joaquín Meler Mur, que fue fusilado el 12 de noviembre en Balsaforada donó 10,25 pesetas el 20 de septiembre al Ejército Nacional. Los donantes aparecían publicados todos los días en los periódicos.

La cárcel. Muchos de los asesinados pasaron dos o tres veces por la cárcel de Tudela entre julio y noviembre. Algunos fueron detenidos en los primeros días, puestos en libertad y vueltos a detener en el mes de octubre entre el 10 y el 14 de octubre. Otros, como Ochoa y Pérez, habían sido trasladados al fuerte de San Cristóbal un mes antes. Más de 600 personas pasaron por esta cárcel solo en 1936".

domingo, 8 de noviembre de 2015

REPORTAJE DE FERMÍN PEREZ NIEVAS SOBRE LA CHARLA DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN TUDELA DEL JUEVES 29 DE OCTUBRE



Fermín Pérez Nievas ha publicado el sábado 7 de octubre el siguiente reportaje sobre la charla de presentación del libro en Tudela el pasado 29 de octubre (disponible en http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/07/vecinos/tudela-y-ribera/la-ribera/la-carcel-se-sementales-llego-a-tener-385-presos-entre-julio-y-agosto-del-36):

La cárcel se Sementales llegó a tener 385 presos entre julio y agosto del 36

El historiador Mikelarena, en ‘Sin piedad’ cifra en 1.000 las personas huídas por la Bardena

FERMÍN PÉREZ-NIEVAS - Sábado, 7 de Noviembre de 2015 - Actualizado a las 09:12h

La cárcel de Tudela llegó a tener 385 presos sólo en el primer mes y medio de la Guerra Civil, entre el 18 de julio y el último día de agosto de 1936. De ellos, 301 uno fueron detenidos entre el 18 de julio, día del Golpe de Estado, y el día 31 de julio. De todos ellos casi el 40% (cuatro de cada diez) fueron asesinados, siendo la cárcel en la que más se mató a votantes del Frente Populare en los primeros días de la contienda. Éstos son sólo algunos de los datos que ofrece el historiador Fernando Mikelarena en su libro Sin piedad. Limpieza política en Navarra, 1936. Responsables, colaboradores y ejecutoresque retrata el horror que se vivió en esos años en la Ribera, y en todo Navarra, con curiosidades como que en los primeros meses de la Guerra Civil llegó a haber más de mil personas huidas por las Bardenas Reales. La capital ribera tiene también el triste honor de ser la localidad navarra donde se mataron a más concejales electos (diez).

“LOS VERDUGOS” La semana pasada, organizado por Podemos Tudela, el centro cívico Rúa acogió la presentación de la nueva obra de Mikelarena en la que quiere hacer especial hincapié en los “verdugos”, porque “hasta ahora han gozado de impunidad no sólo jurídica sino también historiográfica y memorística”. En opinión de este historiador la campaña de asesinatos que se hizo en Navarra y especialmente en la Ribera estaba muy preparada y tenía sus objetivos porque, al contrario de lo que sucedió en otras provincias que no tuvieron frente de guerra la represión fue brutal. “Cuando el control de la población es temprano, como pasó en toda navarra, la represión suele ser baja. Pero no fue el caso de Navarra”, donde recordó que en la Ribera “especialmente en la Occidental, uno de cada cinco votantes del Frente Popular fue asesinado”.

El organigrama de falangistas y requetés represores, según indica el autor en su libro, tenía cuatro niveles bien diferenciados “el más alto las autoridades militares, seguidos de los jefes de las milicias, tanto falangistas como requetés, posteriormente los escuadrones de la muerte y por último los colaboradores anónimos. “Hay una gran porosidad en el proceso de brutalización. Se quiso inculcar al mayor número de gente porque cuantos más se manchen las manos de sangre, menos problemas tendrás en el futuro. Te aseguras el silencio. La barbarie cohesiona a un pueblo”.

En sus páginas relata la existencia de lo que denomina la Escuadra Negra de Tudela, compuesta por falangistas, y cuya existencia aparece retratada en varias noticias y esquelas de la época con la pertenencia de varios jóvenes. Según narraban ellos mismos en el frente de Gipuzkoa en el mes de octubre, “desde las primeras horas del movimiento libertador de España, se pusieron al lado de quienes defendían a la patria en peligro; y con una diligencia digna de ejemplo fueron -en su misma ciudad- limpiando de elementos peligrosos el camino del triunfo. Luego ampliaron su radio de acción a los otros pueblos de la Ribera y de Rioja y por último, enrolados en las formaciones que iban a luchar contra los marxistas y nacionalistas guipuzcoanos”.

En las páginas de este libro se citan nombre y apellidos de personas que estuvieron vinculadas a las masacres de Valcaldera (cerca de Cadreita) o Balsaforada (en las Bardenas), que fueron los principales lugares donde se asesinó a militantes izquierdistas.

El 31 de julio de 1936, un corresponsal de Corella escribía en su periódico de tirada regional, “muchos extremistas huyeron a campo traviesa por las inmediaciones. Se les buscó con actividad y se capturó a varios que en seguida fueron encarcelados. Ha habido suicidios y fusilamientos de algunos paisanos nuestros, lo cual es de lamentar y hemos de contestar a algunos extremistas vivientes, que dicen ahora que Dios manda no matar, que en todos los códigos de moral y de leyes civiles se enseña que es lícito matar en propia defensa y más lícito cuando se hace en defensa de la patria amenazada y caso ya desangrada por el maldito socialismo de Moscú”.

LA CIFRA

10 Concejales. Fueron asesinados en Tudela durante los años de la Guerra Civil. Es la localidad donde se mató a más corporativos de todo Navarra. El último Aquiles Cuadra fusilado después de la contienda tras un consejo de guerra.

PRISIÓN DE TUDELA

Fecha Encarcelados (asesinados)

18 de julio de 1936 1

19 de julio de 1936 135 (60)

20 de julio de 1936 72 (27)

21 de julio de 1936 59 (21)

22 de julio de 1936 11 (4)

23 a 31 de julio de 1936 23 (7)

Agosto de 1936 84 (16)

Septiembre de 1936 20(1)

Octubre de 1936 182 (24)

Noviembre de 1936 25 (16)

Diciembre de 1936 28 (9)

TOTAL 640 (185)

jueves, 5 de noviembre de 2015

AL HILO DE LA PRESENTACIÓN ANTE LA PRENSA. UNA COLUMNA DE TXUS IRIBARREN

Reproducimos la columna de Txus Iribarren titulada "Preguntas inquietantes" publicada hoy en Diario de Noticas al hilo de la presentación ante la prensa del libro Sin Piedad y disponible en http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/05/sociedad/preguntas-inquietantes

Nadie va a descubrir ahora a Fernando Mikelarena como investigador. Sin embargo, y sin desmerecer a nadie porque hay muchas y buenas firmas, no se haría justicia si no se reconociera al historiador beratarra como una de las mejores cabezas de Navarra del ámbito de la Memoria Histórica y de la reflexión sobre la violencia política. Con piedad, pero sin medias tintas. Mikelarena habla de 1936, aunque sus ideas de fondo bien podrían utilizarse en la memoria reciente (desde el punto de vista cronológico) o en cualquier país del mundo con un conflicto, desde una visión geográfica. De hecho, al ser preguntado en la presentación del libro, explicó que se había inspirado en un autor de la Grecia clásica sobre las guerras púnicas. Todo está inventado. Porque una de las cuestiones más inquietantes de su trabajo es saber por qué miles de personas “aparentemente normales” se “brutalizan” y acaban denunciando, torturando o matando a su vecino. ¿Demonización del adversario, deshumanización, silenciogeneracional, impunidad, exaltación de los combatientes propios,negación del daño..? La respuesta no está en los manuales de Psicología sino en los tratados de Política: siempre hay una estrategia pensada y dirigida en la que se mezclan diferentes intereses. La sed de justicia, reparación y verdad debe empezar por desnudar esa estrategia, desmontarla y darle la vuelta con otra apuesta clara. Y para ello, este libro es clave.

REPORTAJE SOBRE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO ANTE LA PRENSA


Reproducimos el reportaje publicado en la edición de Diario de Noticias de hoy, obra de Txus Iribarren y que puede consultarse en http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/05/sociedad/navarra/un-libro-desenmascara-a-los-verdugos-y-la-estrategia-de-limpieza-politica-del-36 

"SIN PIEDAD. LIMPIEZA POLÍTICA EN NAVARRA, 1936."

Un libro desenmascara a los “verdugos” y la estrategia de “limpieza política” del 36

Fernando Mikelarena analiza en ‘Sin piedad’ (Pamiela) la cadena de mando de “responsables, ejecutores y colaboradores”

Navarra fue la provincia con mayor porcentaje de asesinados de izquierdas

TXUS IRIBARREN / IBAN AGUINAGA - Jueves, 5 de Noviembre de 2015 - Actualizado a las 06:09h

PAMPLONA - El historiador Fernando Mikelarena presentó ayer su libro Sin piedad. Limpieza política en Navarra, 1936. Responsables, colaboradores y ejecutores (Pamiela), un trabajo que puede convertirse en una obra de referencia en el ámbito de la Memoria Histórica de Navarra por dos razones. En primer lugar, porque pone el foco en un aspecto hasta ahora no trabajado suficientemente como es el de los “verdugos” (con sus diferentes niveles) de aquella represión aportando documentación inédita sobre los que fue toda la estructura de un “limpieza política” en la que Navarra, si se toma como referencia el número de asesinados por votantes del Frente Popular, encabeza este negro ranking a nivel estatal. En segundo lugar, porque más allá de su enfoque historiográfico aborda una reflexión de fondo sobre los mecanismos de la violencia política y la gestión de la Memoria que dota de una coherencia y un guion a su amplia labor documental, además de servir de lección para el presente y futuro de la sociedad navarra.

El libro, de 560 páginas y estructurado en 6 capítulos, será presentado públicamente hoy a las 19 horas en el Instituto de la Plaza de la Cruz.

¿CUÁNTAS PERSONAS MURIERON?

Una limpieza política sistemática

Navarra encabeza el ranking si se centra en la población de izquierdas

Otras investigaciones ya lograron cuantificar y documentar el volumen de asesinados por el franquismo, pero el trabajo de Mikelarena aporta una visión novedosa para sustentar su tesis (o conclusión) de que se trató de una “limpieza política” de gran magnitud, como es cruzar esos datos con el número de votantes del Frente Popular. Según este cálculo, Navarra sería -con un indicador de 93,8 muertos por cada 1.000 votantes- la provincia donde la represión fue más cruenta en números relativos, seguida de Palencia, Huelva, Córdoba y Badajoz. “Los golpistas desmontaron social y políticamente todo un sector republicano, izquierdista y nacionalista de Navarra”, concluye Mikelarena, que también traza -con esta fórmula y con una importante documentación histórica y nonimal- un particular “mapa del terror” en el que se ve claramente cómo los franquistas fueron a “conquistar laRibera roja”. “El control de los pueblos de la Ribera se realizó mediante una metodología represiva muy elaborada que hacía que los simpatizantes de la izquierda estuvieran obligados a llevar brazaletes y a que sus idas y venidas al campo requiriera de salvoconductos”, afirmó.

CENTROS DE DETENCIÓN

La otra rama de la represión

Una amplia red de cárceles improvisadas para extender el miedo

Fernando Mikelarena dedica un capítulo a recopilar información sobre un apartado en el que los datos estaban dispersos y faltaba una perspectiva global para entender el papel de los centros de detención como pieza de un mecanismo más amplio de represión y amedrentamiento. “El hecho de que el número de detenciones (y su brutalidad, ya que se planteaban casi como batidas de caza) supere con mucho al de asesinados demuestra también una intención clara de atemorizar a la población”, explica el historiador, que analiza también las diferentes “sacas” que acababan en fusilamientos. En su libro se aporta documentación novedosa sobre las cárceles de Pamplona, San Cristóbal, Escolapios (carlistas), Salesianos (falangistas), Tafalla, Tudela, Estella...

LOS VERDUGOS

Una cadena de mando completa

Responsables con DNI, ejecutores sádicos y miles de colaboradores

La principal aportación reflexiva de libro, fundamentada en una amplia documentación historiográfica y testimonial, consiste en que por primera vez de manera exhaustiva se pone el foco no en las víctimas de la represión franquista, sino en sus verdugos. Y dentro de ellos se reproduce, con nombres y apellidos, una “cadena de mando completa” que va desde los “responsables” intelectuales, políticos y socio-económicos a los “ejecutores” en forma de distintos “escuadrones de la muerte” en el que se reparten protagonismo tanto las autoridadesmilitares como la Falange (enumera nombres como José Moreno, Lucio Arrieta, Pedro Díez, Faustino Escribano, Galo Egüés, Gregorio Apesteguía, Atanasio Zabalza, Jesús Irujo, Enrique Castilla, Patricio Fernández, hermanos Mendaza o Huici, Taberna...), como loscarlistas (además de otros nombres conocidos, cita a Esteban Ezcurra, Benito Santesteban, Vicente Munárriz, a quienes denomina los killers de la Junta Central de Guerra Carlista), para terminar con una red de miles de “colaboradores”. El autor del trabajo ahonda especialmente en este último escalón, en un proceso de “brutalización que afectó a numerosos sectores de la sociedad aparentemente normales haciendo que quedasen contaminadas por el ejercicio de la violencia política y garantizando a futuro su silencio y la impunidad”. Pero volviendo al primer nivel, al de los “corresponsables”, Mikelarena subraya que más allá de la ideología y la radicalización política, también hubo una implicación de personas significadas de las élites socio-económicas (Mola, Garcilaso, Martínez de Berasain, Marcelino de Ulíbarri, Lucio Arrieta, Daniel Arraiza, los hermanos Uranga...), que según Mikelarena buscaban también blindar un control del poder provincial durante décadas y la construcción de “imaginarios colectivos” que legitimaran esta posición. Al mismo tiempo la derecha ganadora fomentó la exaltación de sus combatientes y la negación de las víctimas, dificultando los procesos de recuperación de cuerpos y del propio relato.

domingo, 1 de noviembre de 2015

PUBLICACIÓN DE EXTRACTOS EN DIARIO DE NOTICIAS DE LA OBRA DE FERNANDO MIKELARENA SIN PIEDAD. LIMPIEZA POLÍTICA EN NAVARRA, 1936. RESPONSABLES, COLABORADORES Y EJECUTORES.





Reproducimos un reportaje publicado hoy, domingo 1 de noviembre, en Diario de Noticias de Navarra con extractos del libro de Fernando Mikelarena Sin Piedad (http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/01/sociedad/navarra/sin-piedad):

"A continuación se recogen varios fragmentos del último libro del historiador Fernando Mikelarena, ‘Sin piedad. Limpieza política en Navarra, 1936. Responsables, colaboradores y ejecutores’, publicado por Pamiela. En esta obra el autor realiza un estudio de la represión política acaecida en Navarra en 1936-1937, en el que trata de poner nombre a los responsables de la misma, intentando combatir la impunidad historiográfica de la que hasta hoy se han beneficiado quienes provocaron aquella tragedia.

Este libro profundiza en las responsabilidades de la limpieza política registrada en 1936 en Navarra, la provincia del Estado en la que la proporción de votantes al Frente Popular asesinados por los golpistas alcanzó cotas más altas. Sin piedad parte de la necesidad de una visión integral de aquel fenómeno, que incluya también a los responsables del mismo, habitualmente ausentes de los análisis por factores políticos y por tabúes sociales.

El repaso efectuado abarca a los responsables últimos (autoridades militares y jefes de las milicias carlista y falangista), a los ejecutores de los escuadrones de la muerte y a una extensa red de colaboradores anónimos, y contiene un análisis de las características del proceso de brutalización que afectó a ciudadanos aparentemente normales. Los rasgos de la dinámica represiva, la represión requeté y la represión falangista son estudiados de forma exhaustiva, así como la presencia en la sombra de las élites socioeconómicas navarras.

Por último, también se analizan las actitudes negacionistas y de falta de colaboración de los sublevados para con los familiares de los asesinados, al igual que los intentos de memoria inmediata y temprana desarrollados por estos últimos y por los sectores políticos que sufrieron aquella limpieza política. Cuestiones no examinadas con rigor hasta el momento, con lo que este libro abre una nueva forma de tratar a fondo la memoria de aquella atrocidad".

[…]

“Esta investigación supone el primer intento realizado en España de ponderación en términos relativos, bajo la base de considerar el diferente peso de la población de izquierda, de las cifras de asesinados por los franquistas en nada menos que 37 provincias españolas completamente estudiadas hasta el momento. Como se verá, Navarra ocupa el primer lugar dentro de una clasificación provincial según el resultado de dividir el número de asesinados por el bando golpista entre el número de votantes del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Esa constatación no es fácilmente explicable, toda vez que no encaja con las conclusiones a las que han llegado los historiadores que se han preocupado por investigar de forma comparativa los efectos de la violencia política en la retaguardia de las guerras civiles, y que apuntan a que en los territorios tempranamente controlados, como el nuestro, la represión no suele mostrar niveles intensos.”

[…]

“La limpieza política y la aniquilación del adversario ideológico por parte de los sublevados no fue un efecto del fracaso del ejército rebelde y de sus aliados -requetés y falangistas, sobre todo- al no poder llevar a cabo una rápida conquista de Madrid, ya que las órdenes dispuestas por Mola eran claras desde el primer momento en cuanto a la extensión a la retaguardia del conflicto.

El general Mola declararía a Radio Castilla de Burgos el 31 de julio de 1936: «Yo podría aprovechar nuestras circunstancias favorables para ofrecer una transacción a los enemigos; pero no quiero. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad, y para aniquilarlos».

La imposición del terror era «el producto de un cálculo frío y deliberado de los militares insurgentes y de sus aliados civiles» para la construcción del nuevo Estado mediante la eliminación de los enemigos y la tabla rasa de la República. Además, la terrible dureza de la limpieza política partía de la asunción del principio de «represión preventiva», por parte de unos militares acostumbrados a la crueldad con los indígenas en Marruecos, con el objetivo «de impedir toda organización de resistencia, paralizar psicológicamente a los posibles adversarios por medio del terror y lograr la colaboración de los indiferentes».”

[…]

“La conquista de algunas zonas de la Ribera, como la Ribera estellesa, caracterizada como la Ribera roja, tuvo un carácter de campaña estructurada. Hay que recordar que en la Ribera estellesa había unas serie de pueblos en los que la izquierda estaba ciertamente asentada. En Sartaguda la izquierda venció rotundamente a la derecha, en Andosilla, Lodosa y Mendavia el triunfo fue mucho más ajustado y en Azagra y en Cárcar las fuerzas entre ambos electorados estaban bastante igualadas. Otros pueblos de la misma Ribera estellesa, o de la zona inmediatamente colindante, en los que la izquierda tenía una presencia considerable eran Miranda, Falces y Peralta con más de seis votantes izquierdistas por cada diez de la derecha.

En la Ribera tudelana la conquista de las localidades tuvieron también carácter de acción de guerra considerada notable por los sublevados en algunos casos concretos como Tudela, Ribaforada, Cascante y Corella. Las expediciones de control de los pueblos y las batidas de los días subsiguientes se comprueban por toda la Ribera. Tenemos muchos documentos y testimonios que acreditan esa conquista de la Navarra roja y la realización de esas batidas y que hablan de toda su dimensión y significado.”

[…]

“Los centros de detención en Navarra durante el verano y otoño de 1936, momento culminante de la represión y de la limpieza política de retaguardia vivida en la Guerra Civil, pueden clasificarse en tres grandes categorías según su ubicación geográfica: los localizados en Pamplona (la Prisión Provincial; el Fuerte de San Cristóbal; la cárcel de Escolapios, dependiente de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra; y la cárcel de Salesianos, dependiente de la jefatura provincial de la Falange), los localizados en las cabeceras de los partidos judiciales (las prisiones de distrito de Tudela, Estella, Tafalla y Aoiz) y las cárceles de los ayuntamientos o depósitos municipales. Además de esos centros hubo centros eventualmente utilizados de forma transitoria como la plaza de toros, así como algunos conventos, en este último caso reservados para familiares de presos o de personas huidas.”

[…]

“Hemos encontrado testimonios, tomados del fichero de combatientes que se conserva en el Archivo Real y General de Navarra y basados en las propias declaraciones autoenunciadas por los mismos combatientes, que expresan que un número importante de personas acudieron de los pueblos a la capital para participar en esas labores represivas de retaguardia.

El más expresivo de todos esos testimonios fue el de un vecino de Barásoain, Juan Mañú Flamarique, de 43 años de edad, casado y con cinco hijos. Juan Mañú Flamarique se movilizó el 9 de septiembre de 1936 en el Tercio Móvil del Requeté. En su ficha Juan Mañú Flamarique cuenta que «se incorporó en Pamplona, saliendo voluntario para el fusilamiento de enemigos detenidos [sic], siendo después destinado a servicios auxiliares de venta de gasolina y de esto al taller de confecciones ropas para el Ejército».

De otro vecino de Barásoain también consta una descripción contundente de su labor en retaguardia: Atilano Areces Solchaga, estudiante falangista de 22 años, «al estallar el Movimiento se presentó en Pamplona encomendándole inmediatamente la misión de practicar registros domiciliarios en esta Capital, pasando después a Valcarlos en vigilancia de fronteras, hasta que accidentalmente en su domicilio murió de accidente casual» el 3 de octubre de 1936.”

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“Un superviviente de una saca realizada desde la cárcel del distrito de Estella, el cenetista José Méndez Arbeloa, relató a José María Jimeno Jurío el 3 de septiembre de 1979 detalles de la misma. Tras ser detenido en Andosilla estuvo cuarenta días en la cárcel de Estella. En dos ocasiones gente de Estella fue a la cárcel pidiendo la cabeza de los presos por la muerte en el frente de dos combatientes de la ciudad, uno de ellos un Ruiz de Alda, sin que pasara nada. El 7 de septiembre de 1936, al anochecer, Méndez vio desde la celda al cura de Andosilla Cayo de Luis, con lo que el preso prefiguró cuál iba a ser su destino. Esa misma noche les sacaron diciéndoles que les llevaban al Fuerte de San Cristóbal. Les llevaron hasta pasado Oteiza de la Solana. En la saca iban tres de Mués y siete de Andosilla y también otros cinco o seis de Los Arcos. Fueron confesados por un fraile o cura que le dio un golpe con un crucifijo en la boca porque se negaba a besarlo. José Méndez no fue herido en ninguna de las cuatro descargas de fusilería que hubo y tampoco fue herido en la tanda de tiros de gracia. Cuando se fue el piquete se levantó, se desató y comenzó a huir hacia el sur siguiendo el curso del río Ega. Finalmente llegó a su casa de Andosilla donde estuvo escondido catorce meses, hasta que pudo escapar a Francia gracias a una red de evasión de la que tuvo conocimiento porque su cuñada oyó una conversación en una casa en la calle Descalzos de Pamplona donde lavaban la ropa a su marido.”

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“La Junta Central Carlista de Guerra de Navarra surgió en la noche del 19 al 20 de julio. Según se cuenta en la Historia de la Cruzada Española dirigida por Joaquín Arrarás Iribarren, su constitución fue debida a una iniciativa del coronel Beorlegui, nombrado Jefe de Orden Público por el general Mola el día 18 con el fin de controlar la situación en Pamplona, cerrar locales y detener a izquierdistas. […]

Requetés fueron los responsables de la saca de Tafalla de 21 de octubre que motivó el fusilamiento masivo de 64 personas en Monreal. También lo habrían sido en el fusilamiento en el mismo lugar un mes antes de varios vecinos de Aoiz y de su comarca, de las que se sabe que con posterioridad a su detención, estuvieron ingresados en la cárcel de Escolapios. También hay testimonios de su participación directa, pero no exclusiva, en la matanza de Valcardera. […] Toda la capacidad y animosidad represiva de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra se canalizaba a través de un equipo dirigido por Esteban Ezcurra Arraiza, en el que los dos integrantes principales eran Benito Santesteban Martínez y Vicente Munárriz Sanz de Arellano.”

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“Una de las cuestiones más llamativas para el historiador es el escaso conocimiento que tenemos de la estructura en Navarra de Falange Española de las Jons, tanto con anterioridad a julio de 1936 como en los meses que transcurren desde entonces hasta el decreto de unificación. La falta de documentación sobre dicha formación por destrucción premeditada de la misma hace que nos veamos obligados a bucear en la bibliografía y en las hemerotecas para obtener algunos pocos datos, demasiado pocos cabría decir, de los que inferir algunas conclusiones que, en ocasiones, resultan ser contradictorias porque los relatos de algunos protagonistas no casan con aquellos ni entre sí.

En las referencias acerca de la represión protagonizada por la Falange en Navarra suele repetirse una y otra vez el papel jugado por la Escuadra del Águila de Pamplona. […] Pedro González Labairu, telegrafista que trabajaba en Pamplona, narraba a José Miguel de Barandiarán en su informe de 5 de octubre de 1937 que «La Cuadrilla llamada del Águila estaba mandada por Apesteguía. Les conocíamos personalmente y la cuadrilla la componían 22 individuos. El automóvil que llevaban tenía el nº 34. […] La cuadrilla citada mataba por iniciativa de Falange. Moreno era el Jefe Provincial y Apesteguía era su brazo derecho. Hay otro segundo asesino, que es el Chato de Berbinzana, quien se calcula que él solo ha matado más de 1.000 personas».”

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“Los sublevados y los sectores afines que les apoyaban iniciaron rápidamente una campaña de silenciamiento y de desmemorización de las víctimas causadas por ellos mismos entre los sectores políticos contrarios al golpe de Estado.

El silenciamiento y la desmemorización fue una estrategia terapéutica para extinguir el sentimiento de culpa, habida cuenta, sobre todo, de la extensa red de colaboradores que participaron en la limpieza política registrada. A la vez, la mencionada estrategia se acompañó de una estrategia de exaltación de los combatientes propios muertos en combate que trataba de contrarrestar las dimensiones de la tragedia vivida por los republicanos e izquierdistas navarros y por sus familiares en una provincia en la que no hubo ningún frente y que fue retaguardia estricta, así como la posible proyección de culpabilidad que ello generaba entre los victimarios.

Tal y como comentan Gómez Bravo y Marco, se conformaban dos comunidades en relación con los muertos propios en combate del bando triunfador y con los muertos fusilados del bando perdedor. Mientras los primeros fueron exaltados públicamente por las autoridades durante décadas a través de los monumentos a los mártires, los rituales funerarios y los homenajes a los caídos, los segundos pertenecían a «la comunidad del castigo», que «en cambio, era un territorio velado. Toda la sociedad conocía a sus miembros y sus sentimientos, pero la exhibición pública, a partir de 1937, quebraba un tabú social establecido en su entorno». Ambas comunidades, «una pública y otra privada, se mantuvieron más allá del final de la dictadura, y aunque han transcurrido más de treinta años desde la muerte del dictador, sus consecuencias todavía permanecen latentes.”.